ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL LAICISMO

Eduardo Puente Hernández

VM RLS José Mejía Lequerica

La construcción de un espacio temporal alejado de toda influencia religiosa ha supuesto en el mundo y en particular en América Latina, un duro combate en contra de la Iglesia católica, la cual se resiste a dejar de moldear las políticas públicas y formar parte de los pilares institucionales del entramado de poder de estas sociedades. (Blancarte;144)

Salvador Ordoñez y Gliserio Sánchez en su obra Antecedentes Históricos y Doctrinales para el estudio del Laicismo refieren un intenso debate entre Castelar (republicano y católico practicante) y el canónigo Manterola, sobre el origen del lema «libertad, igualdad y fraternidad», que Manterola atribuía a la Iglesia, Castelar replicó: «No hay un principio, absolutamente ninguno, que constituya la ciencia, aunque sea la base del derecho moderno, que no haya sido maldecido por la Iglesia católica…

 

Muchos han considerado que los antecedentes del Laicismo se los puede encontrar en la Revolución Francesa del 14 de julio de 1789 y en el pensamiento Ilustrado, sin duda hay elementos de peso que ponen en evidencia un pensamiento laico en los revolucionarios franceses (algunos de ellos, no todos, como Diderot radicalmente laico y ateo) y que entre otros se expresa en la Declaración del 26 de agosto de 1789 sobre los Derechos del Hombre y del Ciudadano cuando en el Art. 10 señala “nadie puede ser objetado por sus opiniones religiosas, mientras su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley”. La libertad religiosa empieza adoptar un carácter de derecho humano a partir de esta declaración. (Martinez, 6)

También encontramos expresiones del pensamiento Laico en los padres de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (que por lo demás eran creyentes practicantes)

De hecho, en la Declaración de Virginia (junio 1776), anterior a la Revolución Francesa, dejaba establecido en su artículo 16: “Que la religión, o el deber que tenemos para nuestro creador, y el modo en que le reconocemos, han de guiarse por la razón y la convicción, y no por la fuerza o la violencia; y por ello, todos los hombres tienen igual derecho al libre ejercicio de la religión, de acuerdo con los dictados de sus conciencias (7)

Ahora bien, los antecedentes más remotos que hemos podido rastrear los encontramos en la baja Edad Media, en donde paulatinamente, de a poco, se va rompiendo con ese ensimismamiento medieval en donde la religión católica ejercía un dominio absoluto en el cuerpo y en la mente colectiva e individual.

Claudio Martínez Cerda de la red iberoamericana por las libertades laicas, en su trabajo sobre los Antecedentes históricos del laicismo, sostiene que

Si bien es cierto los investigadores del laicismo ubican su nacimiento en la Francia revolucionaria, hay un proceso relevante en la historia, que a nuestro juicio posibilita el nacimiento del laicismo como una doctrina estructurada, de carácter político, que más tarde adquiere un rango jurídico e, incluso, constitucional. Este es el Renacimiento, proceso histórico, que abarca todo el siglo XVI, pero, que se gesta a partir de siglo XIV, y que representa la ruptura con la tradición medieval y, por tanto, con la estructura dominante de la Iglesia Católica en el campo social y político. (Martínez, 3)

Mi hipótesis es que el pensamiento proto-laico por llamarlo de alguna manera, si bien podemos encontrarlo individualmente en las mentalidades libres desde los primeros tiempos de la cristiandad, se genera en el mundo europeo en la Edad Media, las primeras pistas nos la da un contradictor del laicismo, José María Barnadas, dice él: “Si el «pathos» laico es tan viejo como la sociedad cristiana, y aun si empezamos a encontrar señales inequívocas de una fuerza que emerge en los siglos XII y XIII, no obstante, había de esperar todavía a la Edad Moderna para alcanzar su estatura adulto en que lo conocemos”. (Barnadas; 4)

Sea de esto lo que fuere, es claro que la conformación y estructuración del pensamiento laico, es sin duda un proceso en el que se conjugan varias dinámicas que van surgiendo en el mundo europeo occidental:

1.- La aparición y expansión de la Universidad como centro de estudios y pensamiento. Al respecto, Nester Nuñez en su artículo ¿cuándo y donde surgieron las universidades? nos dice:

Las universidades nacen en la Edad Media (siglo XII) a través del conflicto que se da entre Iglesia y Estado. Estas situaciones conflictivas dieron lugar a una nueva modalidad de abordar los estudios. Las primeras universidades propiamente dichas surgieron a finales del siglo XII, de las libres asociaciones de maestros y discípulos recibiendo privilegios de los príncipes además de jurisdicción propia y beneficios eclesiásticos. (Nuñez: 2014)

2.- El Renacimiento cuyos inicios se los ubica en el Siglo XIV que a su vez permitirá la expansión de nuevas ideas y la recuperación del conocimiento y pensamiento grecolatino. Este renacer va a tener varias características que nos interesan resaltar, en la Enciclopedia de Historia.Com, al referirse al Renacimiento se señala:

Se desarrolló un espíritu crítico con pretensión de conocer científicamente la realidad. Esto se manifestó en todas las artes y en el modo de concebir la relación de las personas con el mundo (…) Adquirió gran importancia el concepto de individuo. Se manifestó mediante la búsqueda de trascendencia personal a través de las propias obras ya sea como creador, en el caso de los artistas; o como protector y brindando apoyo material a los artistas en el caso de los mecenas. (Renacimiento: 2018)

Sin duda el Renacimiento se constituye en una de las más profundas y vastas transformaciones habidas en la cultura occidental que fue incubándose en la Edad Media, Claudio Martínez Cerda, sostiene:

La historia dejó de ser en una rama de la teología; el arte y la cultura llevaron su mirada más allá del nacimiento del cristianismo, hacia la antigua Grecia, la Grecia Clásica. Por ello, la denominación de Renacimiento, se refiere al renacimiento de lo clásico: en la arquitectura, en el arte, en la cultura y también en el redescubrimiento de la filosofía. Pero ello no es el efecto principal del Renacimiento, sino que el abandono o el alejamiento del dogma y del temor, del terror impuesto por la iglesia medieval.

Ello es lo que deja el espacio necesario para la reflexión filosófica, para el desarrollo de las artes, de las ciencias y el conocimiento, y con ello el eje de las preocupaciones de la sociedad medieval, que estaba centrado en la exacerbada religiosidad, en la exaltación de la civilización cristiana, cambia de mirada, y ubica al centro de las preocupaciones del hombre al propio hombre, como un ser integral. (Martínez, 3)

En esta misma linea, la invención de la Imprenta en 1440, por parte de Johannes Gutemberg en Maguncia Alemania, es un hecho trascendental, en tanto permite la expansión del conocimiento y la generación de una más amplia cultura letrada que, si bien seguirá siendo restringida a la élite ilustrada, puesto que la mayoría de la población era analfabeta, tuvo consecuencias importantes para el objetivo de esta reflexión, pues el acceso al conocimiento, ya no era monopolio exclusivo de la Iglesia, sino que sale, por decirlo de alguna manera de conventos y abadías, y se inserta en la sociedad civil. En lugar de copistas ahora serán los tipos móviles de la imprenta los encargados de difundir el conocimiento.

 

3.- El Humanismo como expresión filosófica del Renacimiento al centrar el interés de sus preocupaciones y reflexiones en el ser humano se inscribió en la visión antropocéntrica del mundo y de la vida y entró como era de esperarse en franca contradicción con la visión teocéntrica impuesta por la religión. El autor ya mencionado Martínez Cerda, sostiene al respecto:

Se inicia el proceso de secularización de la sociedad, y emerge lo que se conoce como el humanismo, en donde el hombre se reconoce a si mismo, como un ser que se puede perfeccionar a través del estudio, la inteligencia y el conocimiento, con todo lo que ello implica. Y es en el humanismo donde se encuentra el fundamento de la  doctrina laica, ya que  este, no podría desarrollarse en plenitud en una sociedad que no sea laica. Por lo tanto, laicismo y humanismo, son dos elementos que mutuamente se alimentan y retro-alimentan, a la vez que posibilitan la irrupción de la democracia como forma de vida y de organización política. (Martínez; 3-4)

4.- El “descubrimiento” del otro que hace Europa como consecuencia de la apertura y ampliación de nuevas rutas comerciales y la expansión colonial y mercantil a nivel mundial a partir del “descubrimiento” de América con Colón en1492, y la circunnavegación de África con Vasco de Gama en 1498, esta relación con la otredad en la que se incluyen las culturas y civilizaciones del Abya Yala, y del África generará el auto-referenciamiento europeo como centro civilizador del mundo y como consecuencia marcarán el inicio del eurocentrismo y la acumulación originaria del Capital.

Estos factores (universidad, renacimiento, invención de la imprenta, humanismo, expansión comercial y ascenso del capitalismo) se irán conjugando para configurar un pensamiento y una praxis que asume la existencia de otras realidades espacio temporales, desde la mirada retrospectiva al pasado clásico greco latino, así como a la mirada de otras formas de ver el mundo, otras religiones y otros dioses, en muchos casos –cierto es− marcadas con visiones euro-centristas, o con criterios utilitarios de una burguesía comercial en ascenso que demostraba incluso que otro modo de producción diferente y superior al feudalismo se venía gestando, el capitalismo; pero además, casa adentro se van a producir ciertos disensos en la religión hegemónica que determinarán el cuestionamiento a la infalibilidad del Sumo Pontífice y que se expresarán en la Reforma Protestante en 1517 cuando Martín Lutero clava las noventa y cinco tesis en el portal de la Iglesia del Castillo de Wittenberg y que servirán de base para la instauración de la Iglesia Luterana e influenciarán en el aparecimiento posterior del Calvinismo alrededor de 1540. Estos movimientos reformadores van a determinar un cisma en la Iglesia Católica y la consecuente crisis, el así llamado protestantismo en su versión calvinista va a ser útil temporalmente a una burguesía que buscaba disciplinar el trabajo no ya como un castigo, presente en la versión católica, sino santificándolo, obviamente porque necesitaba un uso intensivo de la fuerza de trabajo.

Francisco Gil Villegas, en la introducción de la edición electrónica de libro ya clásico de Max Weber La ética protestante y el espíritu del capitalismo, editado por el Fondo de Cultura Económica de México, sostiene:

Las precondiciones materiales para el desarrollo del capitalismo moderno fueron suficientes y necesarias sólo si se combinaban con una precondición “ideal” adicional: la santificación del trabajo mediante una vocación; y recíprocamente, las precondiciones ideales fueron necesarias y suficientes sólo cuando se combinaron con las precondiciones materiales relevantes. Por otro lado, tal combinación fue necesaria tan solo hasta el siglo XVII, pues Weber afirma explícitamente que el posterior desarrollo del capitalismo moderno ya no requirió para su funcionamiento de la motivación ética del “espíritu” del capitalismo (Gil Villegas, pag.4)

Resulta interesante echar una mirada a los contradictores del laicismo que, ante la evidencia histórica, explican algunos de los antecedentes del laicismo, de la siguiente manera, dice José María Barnadas:

Los profundos movimientos culturales y religiosos que son el Renacimiento- y la Reforma protestante dieron lugar a una nueva sensibilidad social. El primero, con su frívolo sincretismo, incapaz de comprender la seriedad de un culto secular y apasionado por una verdad que se afirmaba absoluta; la segunda, con un espiritualismo a ultranza, divorciado de las condiciones mundanas concretas, hace - —como dice Cambra — que el protestantismo convive ajeno o participante — con cualquier situación política u ordenación jurídica, y el signo de éstas y el sentido de su evolución en los dos últimos siglos no engendra tragicidad ni espíritu de lucha en la conciencia protestante» (Barnadas; 4)

 

Como contrapartida la reacción furibunda de la Iglesia Católica, no era nueva, ya desde su institucionalización había empleado prácticas persecutorias al pensamiento que no se alineaba al dogma, utilizando para ello desde la delación hasta la autoinculpación ejerciendo una violencia exacerbada expresada a través del uso de métodos sádicos de tortura y muerte, Precisamente una muestra de lo dicho fue la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y el arrastre y muerte de la científica Hipatia, quien tuvo a cargo dicha biblioteca, las consecuencias fueron desastrosas, dice Ricardo Elia, del Centro Islámico de la República Argentina:

La desaparición significó la pérdida de aproximadamente el 80% de la ciencia y la civilización greco-helenística, además de legados importantísimos de culturas asiáticas y africanas, lo cual se tradujo en el estancamiento del progreso científico durante más de cuatrocientos años, hasta que felizmente sería reactivado durante la Edad de Oro del Islam (siglos IX-XII) por sabios de la talla de ar-Razi, al-Battani, al-Farabi, Avicena, al-Biruni, al-Haytham, Averroes y tantos otros. (Elia, 2013)

Este acto fue sin duda una demostración temprana de ese ejercicio de poder, que va a continuar durante toda la Edad Media y que en el caso de España aparece en el año 1478 como el Santo Oficio o Santa Inquisición y cuyo fin fue perseguir a los herejes y defender el dogma de fe católico y que va a determinar la expulsión de judíos y musulmanes con la llegada al trono de los Reyes Católicos en 1490, a través de la unión de los reinos de Catilla y Aragón.

Recordemos que fue precisamente España la principal aliada del Vaticano en la Contrarreforma y que buscaba acabar de raíz con las disidencias. Atención especial merece la persecución y asesinato cruel que ejerció la Inquisición como brazo represivo de la Iglesia Católica contra las mujeres, actitud misógina que llevo a la hoguera a cientos o acaso miles de mujeres acusadas de brujas. Esta institución odiosa para el caso de España tuvo que soportar ella misma varias muertes; la primera en 1808 con Napoleón Bonaparte en una España invadida, luego en 1813 por las Cortes de Cádiz, pero al año siguiente el Rey Fernando VII la restableció, para volver a “morir” en 1820, pero no fue una muerte del todo, pues se conservaron vestigios de ese tipo de prácticas infamantes, hasta que será en el año de 1834 donde se la suprime definitivamente, es decir luego de casi 400 años de vigencia.

Pero la intransigencia de la Iglesia Católica va a continuar, para 1864 el Papa Pío IX publica la encíclica Quanta cura, “la cual se acompaña de un catálogo de 80 proposiciones consideradas inaceptables por el magisterio eclesial. Este catálogo es el famoso Syllabus (…) que condena la idea de que cada hombre puede abrazar y profesar la religión que él considere verdadera, de acuerdo a la luz de su razón, condena también las ideas de que los hombres pueden encontrar el camino de la salvación y obtenerla en la práctica de cualquier religión, condena la idea de que el protestantismo no es más que otra forma diversa de la verdadera religión cristiana, condena el socialismo, el comunismo, las sociedades secretas, las sociedades bíblicas, las sociedades cléricoliberales, condena las formas concretas del laicismo, como son las limitaciones al poder temporal de la Iglesia, la eliminación de los fueros y privilegios, el laicismo escolar, la separación del Estado y de la Iglesia, la separación de las ciencias filosóficas y morales del control eclesiástico, la abrogación del poder temporal de la Iglesia y por supuesto el liberalismo moderno, específicamente la abolición del catolicismo como religión de Estado, la libertad de cultos y la negación de la idea que la libertad de pensamiento no lleva a la corrupción de las costumbres. Cabe aclarar que estas dos proposiciones, última y antepenúltima del texto son extraídas de la alocución Nunquam fore, que señalaba “los atentados cometidos en México contra los católicos”. Pero la última proposición que se condenaba era la más clara al respecto, pues tendía a resumir la posición pontifical con respecto a su época. El Syllabus condenaba la idea que “El Pontífice romano puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna”. En cualquier caso, cabe reiterar que no fueron los católicos liberales los que vencieron en la contienda interna de la Iglesia y que el predominio de la intransigencia generaría en contrapartida un laicismo combativo en contra de una Iglesia que se negaba a abandonar la esfera pública y los privilegios como institución religiosa hegemónica. (Blancarte;155-156:)

Hay que señalar que la burguesía en su periodo revolucionario va a cumplir un papel importante en la configuración del pensamiento laico, al igual que las iglesias protestantes, pues a una y a otras convenía la libertad religiosa.

Ya Marx y Engels en el Manifiesto Comunista van a señalar lo siguiente:

Cuando el mundo antiguo estaba a punto de desaparecer, las religiones antiguas fueron vencidas y suplantadas por el cristianismo. En el siglo XVIII, cuando las ideas cristianas sucumbían ante el racionalismo, la sociedad feudal pugnaba desesperadamente, haciendo un último esfuerzo, con la burguesía, entonces revolucionaria. Las ideas de libertad de conciencia y de libertad religiosa no hicieron más que proclamar el triunfo de la libre concurrencia en el mundo ideológico. (Marx-Engels, 26)

El surgimiento de los Estados nacionales modernos, precisamente como estados burgueses, luego de la Revolución francesa van a buscar instaurar la libertad de conciencia y la separación de la Iglesia, aparece de esta manera el Estado Laico. Roberto Blancarte, en su artículo sobre Laicidad y laicismo en América Latina. Publicado en la Revista Estudios Sociológicos, sostiene:

la razón del surgimiento del Estado laico es la preservación de la libertad de conciencia. Pero fue éste un proceso paulatino que tuvo lugar entre los siglos XVI y XVIII, en medio de guerras de religión, de reconocimiento de derechos de creencia y de culto, así como la gestación de una ciudadanía no necesariamente identificada a una adscripción religiosa o eclesial. Es por ello que la laicidad está emparentada y en no pocas ocasiones es confundida con la pluralidad y la tolerancia religiosa, así como la separación de esferas. Pero en realidad hay un elemento que define mejor la gestación de la laicidad: la transición hacia un régimen social cuyas instituciones políticas se legitiman crecientemente por la soberanía popular y ya no por elementos sagrados o religiosos. Es, desde nuestro punto de vista, alrededor de la cuestión de la legitimidad de las instituciones políticas en las sociedades modernas, que se puede entender mejor la especificidad de un régimen laico. (Blancarte, 2000).

En el caso de nuestro país, un hermano Masón como Vicente Rocafuerte, sostuvo de manera tajante que toda religión dominante es opresora, sostuvo además que “El monopolio religioso están perjudicial a la propagación de la moral y desarrollo de la inteligencia humana, como lo es el monopolio mercantil a la extensión del comercio y la prosperidad de la industria nacional, y así la triple unidad de libertad política, religiosa y mercantil es el dogma de las sociedades modernas (Rocafuerte, 122: 1989)

Pero además la libertad de conciencia y la libertad religiosa son sin duda parte del pensamiento de la Masonería a punto tal que históricamente ha sido reconocida como adalid del pensamiento laico.

Teniendo en cuenta lo visto hasta ahora, resulta explicable que sea un pastor protestante quien además otorgue patente a la masonería especulativa, Martinez Cerda, dice al respecto:

La Constitución de Anderson, primer cuerpo normativo de la Francmasonería, elaborada por un clérigo protestante, es considerada como una Carta de Tolerancia y, ciertamente, un formidable preámbulo a la estructuración del concepto del laicismo. Al normar las relaciones de los masones, señala: “Aún cuando en los tiempos antiguos los masones estaban obligados a practicar la religión que se observaba en los países donde habitaban, hoy se ha creído más oportuno no imponerle otra religión que aquella en que todos los hombres están de acuerdo y dejarle completa libertad respecto a sus opiniones personales. Esta religión consiste en ser hombres buenos y leales, es decir, hombres de honor y probidad, cualquiera que sea la diferencia de sus nombres o de sus convicciones. De este modo la masonería se convertirá en un centro de unidad y en el medio de establecer relaciones amistosas entre gentes que, fuera de ella, hubieran permanecido separados entre sí”.  (Martínez, 5)

Los postulados del laicismo se inscriben en lo filosófico, ideológico y político, el aspecto filosófico del laicismo será motivo de la segunda charla de este ciclo, pero es claro que en lo ideológico pasa por disputar la idea hegemónica de la religión dominante como la única “auténtica y verdadera” al abrirse a otras creencias, a otras religiones que pueden y deben convivir dentro del mismo Estado, al igual que el pensamiento ateo y el pensamiento agnóstico, concomitantemente la disputa se extiende a lo formativo y a la configuración de las mentalidades en donde la educación juega sin duda un papel preponderante para lograr la libertad de conciencia, de allí que es imprescindible luchar por una educación laica libre de todo dogma y tolerante al pensamiento diferente. Sobre este aspecto Victorino Mayoral Cortes en su trabajo España: de la intolerancia al laicismo, sostiene:

El laicismo europeo surge como reacción adversa al control ejercido en la enseñanza por las órdenes religiosas; y más concretamente, contra el predominio que, en la enseñanza secundaria, había alcanzado la Compañía de Jesús. En el «Estudio y proyecto de decreto sobre la organización general de la educación pública…» presentado por Condorcet, a la Asamblea legislativa francesa, puede leerse: «La religión será enseñada en los templos por los ministros respectivos de los diversos cultos y que el lugar de aquella lo ocupen en la escuela la moral y el derecho naturales, racionales» (Mayoral; 58)

En lo político la disputa comienza por la separación del Estado y la Iglesia, combatiendo desde la idea que durante mucho tiempo permaneció naturalizada en la población en el sentido de que el poder temporal de reyes, monarcas absolutistas y dictadores tenía un origen divino (recordemos que el dictador español se hacía llamar “Generalisimo Francisco Franco Bahamonde Caudillo de España por la Gracia de Dios” y recordemos además que los reyes recibían la corona y eran ungidos como soberanos por la autoridad eclesiástica en tanto representantes de la deidad en la Tierra).

Ese origen divino justificó la conjunción de la espada y la cruz presentes en la conquista y colonización de los territorios del Abaya Yala, fue una demostración de la estrecha alianza entre Monarquía e Iglesia. La idea de que Dios es el dueño del mundo y que por tanto podía entregar en propiedad a través de su delegado el Papa, las tierras de América a la Corona española y a la Corona Portuguesa, significó el despojo jamás antes visto y que sirvió de legitimación para el saqueo de estas tierras.

Pero la disputa se extendió a lo simbólico ritualistico, comenzando por sustituir el panteón religioso por otro laico donde los héroes y el altar de la patria buscarán confinar a los santos y a los altares de la iglesia a sus templos “la idea de una religión civil no podía ser más que la de una substitución de cultos y rituales “laicos”, en lugar de los religiosos. De allí la creación de un culto a los héroes patrios, remplazando al santoral cristiano, o de toda una simbología sustitutiva, como el altar de la patria, la bandera y otros objetos sagrados para la nación, porque representan la sociedad”. (Blancarte;143)

Disputa que aún hoy no ha terminado, pues todos fuimos testigos de cómo se les obligaba a militares bolivianos jurar ante la Biblia su fidelidad a la Religión Católica, mientras se destruía la Whipala, símbolo de la cultura indígena y se impulsaba un golpe de estado, pero ese es otro tema que sin duda será abordado en este ciclo sobre el laicismo.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Blancarte, Roberto (2008). Laicidad y laicismo en América Latina. Estudios Sociológicos, XXVI (76), 139-164. [Fecha de Consulta 4 de Julio de 2020]. ISSN: 0185-4186. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=598/59826106

Barnadas José María Laicismo en Ecuador: Aspectos Históricos. Dialnet.

Martínez Cerda, Claudio. Antecedentes históricos del laicismo, red iberoamericana por las libertades laicas

http://catedra-laicidad.unam.mx/sites/default/files/Antecedenteshistoricosdelaicismo.pdf

Nuñez, Nester (2014) ¿DÓNDE Y CUÁNDO SURGIERON LAS UNIVERSIDADES? En Revista Presencia Universitaria.

 

Renacimiento (2018). Recuperado de Enciclopedia de Historia (https://enciclopediadehistoria.com/renacimiento/).

 

Gil Villegas, Francisco (2012) Introducción del editor en la edición electrónica del libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Fondo de Cultura Económica, México.

Marx, Carlos y Federico Engels ( ) Manifiesto del Partido Comunista Digitalizado para el Marx-Engels Internet Archive por José F. Polanco en 1998. Retranscrito para el Marxists Internet Archive por Juan R. Fajardo en 1999. Enlace: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

MAYORAL CORTES, V., España: de la intolerancia al laicismo, Ediciones del Laberinto, 2006.

Rocafuerte, Vicente. (1989) Ensayo sobre la tolerancia religiosa en Escritores Políticos, Biblioteca Ecuatoriana Clásica. Tomo 18 pags. 109 – 143. Foncultura, Corporación de Estudios y Publicaciones. Quito

Ordóñez Delgado, S y G, Sánchez Recio (2007)  Antecedentes Históricos y Doctrinales para el Estudio del Laicismo en Revista de Historia Contemporánea, 6, 2007, pp. 57-71 https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/14161/1/PYM_06_04.pdf